Los romanos llamaban “ientaculum” a la ligerísima comida de primera hora, recién levantados, apenas unos bocados de cualquier cosa ligera para iniciar el día con algo en el estómago -pan mojado en vino, por ejemplo, frutas, leche,...-. Del "ientaculum" romano deriva nuestro castellano yantar.
También era conocida esa primera entrada culinaria del día como “morus”. Este término mudó en Hispania, en las primitivas lenguas romances, a decirse “muerzo”, y poco más tarde, en castellano, “muesso”. Ya en tiempos de la Reconquista avanzada, se le añadió el artículo árabe, o morisco, “al”; y así nació el sustantivo almuerzo, y de éste el verbo almorzar.
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